SHELMA T´astimu

SHELMA T´astimu
T´ASTIMU FILLA

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sábado, 6 de abril de 2013

EL ERMITAÑO. Cap 1 2ª parte 2014





¡Bueno, vamos a ver...! —cogió una tela cuadrada de estampados rojos y negros y la tendió en la cama—. Pan, queso, bull ¡Umm! —olió con gula el bull (la butifarra de pueblo)—. No, mejor del negro, unas almendras ¡Éstas, para el camino! Coge tú también y no te olvides el odre de rioja. Agua no nos faltara, ésta montaña es rica en eso ¡Ya sabes! —ató las cuatro esquinas, lo inserto en un bastón de roble y como dos peregrinos, iban dispuestos a surcar las rocas.
— Por lo que deduzco vamos lejos ¿No...? ¿A qué zona vamos? —cacareó cómo un gallo sin cresta.
— Tú y tus preguntas... ¡Ya lo veras! ¡Vamos Nef! ¿Quieres venir? ¡O qué! —¡marra miau!— ¡Pues, ala! Vamos y no te entretengas en los árboles, que ya sé que te gustan mucho los pájaros pecadora.
       Así, anduvieron sin prisa pero sin pausa. Recorrieron los serpenteados caminos, entretenidos cada uno en lo suyo. Hemis, regalándose la vista con los parajes. Pera, olfateando y golpeando con su báculo druida el sendero. De vez en cuando se paraba a tocar los árboles y las rocas en los diversos cruces; para descubrir el rumbo. Otras veces, le preguntaba a Hemis lo que veía por no parar. La gata revoloteaba, ora delante, ora detrás; las más de las veces, se entretenía en los matojos en busca de... Ella sabrá qué.
       Lo cierto es que era como un perrillo peludo y juguetón, no muy propio de un felino. Era una gata esplendida de pelo largo: gris y blanco, de morro chato, con un dibujo en su faz en forma de mascara de disfraces y las puntas de las patas, a modo de botines blancos. Lista, como cualquier persona desearía ser y cariñosa como la mejor amante o madre. Alzado el sol en su zenit, llegaron a una explanada redonda, embutida entre los pinos y coronada por ovalados dólmenes naturales. Allí, afluían tres caminos: uno por el que llegaron, otro que se dirigía empinado hacía la zona mágica, llamada de les Agulles y el tercero, bueno éste parecía no llevar a ninguna parte. Aunque la verdad todo camino va y llega a un lugar determinado. Pero éste, mejor dicho estaba cortado y acababa en un espléndido mirador, cuya roca simulaba un altar; por lo tanto, sí llevaba a un lugar.
Hemis, había estado cavilando todo el trayecto, en la información nueva que tenía y no daba crédito a sus oídos. Pero como él, era un tanto ingenuo y confiado, no dudo nada de lo dicho por el ermitaño. Ya qué, éste nunca mentía si acaso, omitía algunas cosas que no quería decir; pero la mentira no era su pecado, además, no sabía hacerlo. Si antaño lo hiciere la gente lo descubría al momento, como un zagal cuando lo hace, que se le descubre rápidamente.
A Pere, su viaje le llevo al recuerdo de tantos momentos maravillosos, tantas conversas con Shelma, tanta alegría perdida, tantas añoranzas enterradas en su baúl. Empezó a pensar que podría ser cierto que ella, estuviera viva como decía Hemis. Él, tampoco había notado su falta total, le parecía como si estuviera de viaje y se encontrara perdida en otro país, en otro mundo paralelo quizás. Se prometió a sí mismo, recordar todas las palabras de Shelma, para poder descubrir la verdad de lo que paso, o sino, al menos a donde fue.
Porqué ella, se marcho voluntariamente, cosa que no podía comprender ¡Dejar a una criatura! En un monasterio, bueno mejor dicho en una ermita con un ciego. Era algo que le había consumido por dentro, como un tumor maligno que poco a poco, le carcomía su discernimiento.
— ¡Pues sí que es un lugar paradisíaco! —rompió el silencio Hemis—. Aunque aquí, en esta montaña cualquier rincón es bonito y sorprendente. Yo creo que... Nunca acabaré de descubrir nuevos senderos: peñascos no vistos y sin nombre, arroyos, cuevas, en fin, un mundo en tan poco espacio ¡Aunque tiene veinte-seis kilómetros de perímetro!, pero como tú bien dices, es un laberinto incognoscible... Y además fue mi primera novia —miró a Pere y no lo vio.
— ¡Ven por aquí Nen -niño-! —por qué era un niño para él, y desplazando unos arbustos toco un pino— ¡No, aquí no es! A ver este otro ¡Sí, aquí! —se adentraron campo a través y llegaron a una caverna amplia, horadada en la roca    —. Éste era nuestro refugio ¡Aquí está la ermita de Magdalena!
— ¡Es genial! Podemos quedarnos aquí ¿No te parece? Además, creo que se puede hacer fuego dentro, sin que se llene de humo ¡Oye! ¿Éste puede ser un buen lugar para escondernos, así no saldríamos de Montserrat? ¿No crees? —indagó suspicaz.
— ¡Por mí fantástico! Hace siglos que no venía, la última vez creo que fue cuando Shelma, se marchó. Pase semanas esperando y buscándola. Al volver a la pajarera, me entere de los asesinatos y encarcelamientos de mis hermanos. Fue cuando me desterré aquí contigo y mi escribiente, el escalador.
Y, sí, se puede hacer fuego y el humo sale bien. Mira allí —señaló con el báculo—. Ese agujero llega hasta la cima de la roca. También hay ése manantial que posee un agua tan rica como el mejor vino. Pero, dejemos los víveres y las capas. Te mostrare la piedra de Dios.
— Perfecto, buscare un agujero y lo tapare. Para protegerlo de los animales —así lo hizo y no tardo en descubrir, un nicho en la pared ideal para eso. El bulto entró justo, como hecho a medida— ¡Por cierto! Ahora que pienso ¿Por qué te llamó Dominico la fantasma? Si, ni siquiera te consideras, benedictino.
— Ella, mí salvadora es musulmana y los que vamos con hábito, para ellos somos domini cannis: O sea dominicos, que significa perro del Señor, como bien sabes ¡Se estaba burlando de mí!
Regresaron a la redonda, tomaron el camino de la derecha, el que iba al mirador. Llamado la piedra de Dios; ya que al final de la senda se disponía una gran roca, a modo de trono gigante, donde podían sentarse varias personas y contemplar tal creación. Se decía que allí se sentó Dios, para admirar su génesis. Ahí se acomodaron y no se dijeron palabra durante un tiempo impreciso, pero largo.
La sierra hablaba por ellos, un águila imperial navegaba en el cielo y sus chirridos hacían eco en las rocas. Ya más cerca, otros pájaros buscaban comida para sus crías. Éstas, piafaban en los árboles al verlas llegar y desesperadas cogían los gusanos y demás. El aroma floral, les llenaba los pulmones de infinitas clases y les traían recuerdos fútiles, pero entrañables para cada cual. La gata, se hizo de su almuerzo con un roedor despistado, primero jugó con él, lo dejó a los pies de ellos y al poco se lo comió.
En fin, la vida estaba en todas partes y ellos, se sentían tan integrados en ese universo; pero, a la vez, se veían tan diminutos en tal inmensidad. Que incluso les parecía ser diminutos Dioses, contemplando ese gran milagro. Hemis, acariciaba con sus dedos el medallón de su madre. Siempre pensaba en ella al tocarlo y le parecía verla, junto a él ¡Susurrándole al oído! Entonces, le pregunto a Pere.
— ¡Está medalla...! Perteneció a mí madre ¿No...? ¿Pero, que significa? —preguntó mientras miraba el ánima de Shelma, con un suspiro nostálgico.
— ¡Sí, ya te lo dije! Ella siempre lo llevo, hasta que lo puso en tu cuello. Decía que era su amuleto. En sí, parecen sus iniciales, pero no estoy seguro. Me comento que fue de su madre y ésta se lo dio la suya, así sucesivamente hasta el principio de su estirpe.
— ¡Nunca me dijiste nada de eso, Pera! ¿Por qué has sido tan reservado con las historias de madre? —repuso un tanto indignado, pero con voz suave.
— ¡No te he hablado mucho de mi... Shelma! Por qué... El dolor y la melancolía que me producían, me hacían sentir culpable ¡No sé! Pero el silencio se acabó, lo contaré todo a partir de ayer ¡Valé! Yo...También la creo viva, como tú —replicó con energía.
— No sabes ¡Cuan feliz me haces! Tengo que saber tanto y tengo tanta prisa. Por cierto ¿A que te referías con la estirpe? ¿No dijiste que era huérfana? —y con los nervios, empezó el ritual de la María.
— ¡Sí, claro! Pero tuvo madre y padre... Ella, como te dije nació en Inglaterra, en Argost ¡Donde nació el famoso, Merlín! Pues bien, su apellido es Wledig, de la estirpe real de Macsen Wledig, portador de la famosa espada de Inglaterra. Así, como después lo hizo el Rey Arturo... Tú abuela murió en el parto y al poco tiempo, tú abuelo perdió la vida, en la guerra con Francia.
No quise preguntarle, porqué tenía el apellido de su madre. Eran nobles y por lo tanto ricos, por eso tu madre pudo costear su vida y me dejó el resto para la tuya; que es mucho más de lo que tiene cualquier Conde. Y aquí precisamente, ésta escondida tú herencia. Éste, es el lugar más seguro, ni el Abad Blanch, sabe de éste escondrijo —esputó su nombre con desdén, ya qué nunca lo nombraba.
— ¿Y por qué no llevo su apellido? —exclamó sorprendido, pero el dinero no le pareció importante.
— ¡Bueno, ya sabes! El Abad, no sabía nada de que Shelma; no era Anselmo. Ella, lo compro por sesenta Onzas, que son unos... Veinte mil Reales. Le dijo que era todo lo que tenía, pero era una ínfima parte de lo que poseía. Yo, por otro lado, le dije al Abad, que te había encontrado en un camino, el camí dels pelegrins, ya sabes, cerca de Monistrol... Fue una mentira piadosa y como era septiembre, no se sorprendió que te hallara vivo, además en aquellos tiempos, recién pasada la guerra del Francés, era común encontrar niños huérfanos, y como le dije que yo me haría cargo, no tuvo problema.
— ¡Claro claro, lógico! Pero..., ¿Quieres decir, que no es mucha casualidad...? ¿Qué si madre, es de sangre real...? ¿No tendrá algo que ver con las deducciones, del Santo Grial o Sangre Real...? —matizó con síntomas de alegría, intentando aferrarse a algo certero y casual—. Así pues, parece que tenemos a la Dama de ajedrez, en su sitió —comparó con sutileza, Hemis.
— ¡Pues..., sí! Eso pensé en su día ¡Pero no sé... Todo esto es muy subliminal! Tendremos que descifrar todos los detalles y meditar los posibles movimientos. Como bien has dicho; la ficha ya está colocada, pero es sólo el principio. La Dama blanca, está en su color. El Rey, no sabemos quién es, pero quizá eso es lo de menos, no juega hasta el final de la partida. Y en este supuesto, tú debes de ser el Caballo ¿No crees? —y una sonrisa iluminó su barba nevada en canas.
— ¡Lo más probable! Tengo que saltar mucho para llegar a mí destino, pero ¿Y tu...? Yo diría que eres una torre —empezó a divagar en su juego imaginario.
— Creo que sí. La Torre, representa lo viejo y sus movimientos son: Norte, Sur, Este y Oeste...Más propios para un ciego como yo —replicó con un dedo formando una cruz.
— ¡Pero..., nos quedan muchas fichas por conocer!, en este juego quimérico. Solos, no podemos jugar y ya estamos sin Reina, eso será difícil, pero motivador...
        — ¡Por supuesto! Pero, recuerda que un peón, puede salvar a la Dama y esa puede ser la clave. Lo que hay que tener cuidado son con las fichas negras, esas son las primeras que tenemos que descubrir; quienes son y cómo juega o perderemos la partida ¡Esto va a ser divertido! y nos puede ayudar, para ir atando cabos —expresó lentamente, Pere.
— ¡Pues, sí...! Creo que los peones están claros, aunque sean negros. Pueden ser los Hashashis o... Asesinos —objetó con voz queda, para no ofender a su amigo. Pero éste, no pudo ver su sonrisa.
— ¡Es probable, pero olvida esa palabra repugnante! Recuerda que a mí me salvaron... ¿Por qué lo harían? ¡Ostia! Es vedad..., pueden ser amigos o enemigos. Ellos, en teoría defendían el Grial y...
— ¡Claro, buena idea, sí! Hay que buscar a los nuestros, para poder luchar contra los negros. Puedo volver a Tánger, allí tengo amistades ¿No crees? —exclamó haciendo castillos en el aire.
Pere, quedó pensativo mientras bebía un poco de vino y aclaraba sus ideas. Comparaba la partida imaginaria, con esa parcela del siglo en que vivían. Los Apóstoles y Carlistas, se designan a sí mismos los blancos, claro que era para distinguirse de los Liberales o negros, —como los llamaban—. Todo empezó bien con la primera constitución de 1812. Hasta que la quitó Fernando VII y coincidió con la tercera invasión de los franceses. Y luego con el trienio de 1820-23, una comisión del gobierno, exigió los bienes del monasterio. Así, que hicieron un informe de toda la comunidad: treinta y nueve monjes, siete de los cuales vivían en —Barcelona, Madrid, Valencia, México y Nápoles, en casas de la comunidad—, diez hermanos, cinco ermitaños y trece escolares.
El Gobierno se adjudicó las posesiones y determinaron una pensión para todos. Así como las joyas de la Virgen: dos coronas muy valiosas, los joyeros y tan sólo se salvó lo que tenía puesto la Virgen, que no se atrevieron a tocarlo.  Se cumplió la profecía que hizo el antiguo Abad Benet —de la corona de la Virgen hasta los barrotes de los gallineros, no quedara nada intacto en Montserrat...—. Así pues, en el año 1822 de triste memoria. Seis monjes, fueron acusados de hacer cartuchos para los absolutistas y de tener juntas secretas subversivas. En vista de los sucesos y la falta de pago de la pensión, se dispersaron todos: Pere y Hemis —qué tan sólo tenía cinco años—, junto al ermitaño, Joan —el escalador— se escondieron en la Caverna de Magdalena. Allí estuvieron dos años, fue el segundo exilio para Pere.
Los milicianos liberales y algunos monjes, trasladaron la imagen de la Mare de Déu de Montserrat a Barcelona, para evitar que cayera en manos de las fuerzas revolucionarias. Las cruces de las quince parroquias de la ciudad, dieron bienvenida a la Moreneta en una procesión solemne. Al entrar en el Portal de San Antoni, los cañones dispararon salves, mientras repicaban todas las campanas de Barcelona. El desbarajuste político desembocó en la Santa Alianza, a través de las tropas francesas, de los Cien Mil Hijos de San Luis, con la misión de reponer el poder absoluto de Fernando VII.
El monasterio recuperó a la Virgen y sus bienes a finales del 1824. Con la segunda restauración absolutista de Fernando VII. El Rey, visitó la Abadía y fue recibido en los huertos del Templo, quedó tan impresionado por la destrucción, que concedió Medio Millón de Reales de donativo para su restauración. Seguramente, para expiar sus pecados, que no eran pocos. Más tarde con la muerte del Monarca en 1833, se inicia la primera Guerra Carlista —que durara siete años—. Que es la época que nos ocupa ahora.
— ¡Retruécano! —exclamó Hemis, mirando su reloj de bolsillo— ¡Son las... Ocho! ¿Vamos a cenar, o qué? Con el estomago lleno se piensa mejor —susurró mientras sus tripas ronroneaban.
— ¡Por supuesto, Somi Noi...! ¡Vamos, Nef! Tú ya has cenado, pero tendrás sed —la cogió por la nuca y la puso en su hombro.
Cuando llegaron a la caverna, faltaba poco para anochecer. Hemis, fue en busca de leña y cuando regreso, Pere, ya había dispuesto un circulo de piedras en el lugar propicio.
— ¡Parece que vamos a tener una noche perfecta para observar los astros! —puntualizo, Hemis—. Luego podemos ir a la piedra de Dios, tiene que ser ilusorio.
OS PRESENTO A SHELMI.
Encendieron el fuego y al instante con el reflejo de las llamas, podían ver mejor que en la ermita. Hemis, sacó el paquete de la comida y un ruido sordo surgió del nicho asustándole. Pera -pedro-, que podía oír como un murciélago. Exclamó:
— ¡Ten cuidado, Nen -niño-!... A ver si vamos a quedar sepultados.  
— No creo. Es una tapa de piedra, que había al final. Pero... ¡Aquí hay algo! —metió la mano hasta el fondo y sacó otro bulto— ¡Es un paquete de piel y parece... Que hay un libro dentro!  
— Déjame ver y prepara la cena —lo cogió y empezó a escudriñarlo con sus dedos y lo desanudo.      
Mientras lo abría, una sensación extraña pero conmovedora a la vez, hizo despertar en él, toda clase de imágenes desconocidas y sin embargo familiares. El poder clarividente, su Awen —con ésta palabra designaban los Druidas: La puerta que les permitía, penetrar en el otro mundo y entrever el futuro. Era una situación de trance, a la que solo puede acceder, un Bardo—. Su Awen pues, se había despertado. Al desnudar su piel curtida, afloró un libro voluminoso. Recorrió la portada con sus dedos y descubrió lo que era.  
— ¡Que pasa, Pare -padre-! Te ha quedado pálido y te tiemblan las manos —exclamó preocupado.
— Es... El... Álbum... —susurró entre dientes, mientras unas lágrimas brotaron de sus ojos.  
— ¿El álbum, de qué? —se acercó y lo abrazo por los hombros con cariño.  
— De Shelma. Toma, ahora es tuyo. Voy a preparar el té y un garro —dijo pausadamente
.        Hemis, cogió el álbum y vio el dibujo de su medallón; estampado en relieve de oro. La piel de la cubierta era de cocodrilo o similar. El símbolo era exacto: Un circulo, con una S en forma de serpiente, la H con dos torres enlazadas y en las cuatro esquinas del álbum, cuatro dragones: blanco, negro, rojo y azul. En el reverso, una mujer sentada en un trono, con un báculo en su mano izquierda y en la derecha, un escudo con un águila. Alrededor, había a modo de mosaico, motivos heráldicos y simbólicos de forma diminuta, así como: florecitas, ramajes, iniciales.... En fin, una obra de artesanía, de incalculable valor y quizá única.
      — ¡Es precioso! —gritó Hemis fascinado—. He visto ilustraciones diversas pero, ésta es sublime y eso que trabajo con ellas todos los días —lo abrió y replicó tristón       — ¡Vaya!, está escrito en inglés, que mala suerte ¡Pero no está impreso! Está escrito a mano y la caligrafía es exquisita, de eso sí entiendo bastante. Diría que es Carolingia, es muy antigua desde luego, la letra es minúscula, redonda y regular. He visto esta escritura en la Abadía, en unos textos remotos del siglo XI. El titulo dice algo así; Te nearling...
       — ¡The learnig curve! —expresó correctamente Pera -pedro- acongojado—. Tu madre me enseño algunas palabras, solía leer poemas en ingles y luego me los traducía. Esa parte del álbum, corresponde a tú bisabuela, Helma. Luego, con el mismo título escribió tú abuela, Selma y por último, tú madre, Shelma.
— ¡También, hay dibujos y pentagramas! ¿Por eso lo llamaste Álbum? y ¿Que significa la frase?  
— Sí, en éste álbum como en todos, la gente cortesana escribe sus pensamientos y los de amistades, por eso hay tanta variedad de temas, cada uno escribe de lo que sabe. Ahora, se ha vuelto popular en España entre la clase noble.  
— Comprendo, algo he oído. Pero ¿Y la frase? Sabes lo...
— ¡Sí, bueno! ¿Cómo dijo?... Todos tenemos una curva de aprendizaje, que significa tú camino. El principio es difícil, pero a medida que avanzamos en él, se hace más fácil. Como una curva o círculo, que primero asciende y es costoso pero al llegar a su cenit, desciende con rapidez. Es una frase hecha, común en su país y muy sabia por cierto —objetó satisfecho, asintiendo con la cabeza.
— ¿Tú crees que es correcto, leer éste álbum, Pera? Por qué, al fin y al cabo son intimidades que quizás, no deben ser sabidas por nadie —reparó con su prudencia característica.
— ¡Lo cierto, es que debería ser así! Pero dadas las circunstancias en las que estamos, creo más bien que debemos hacerlo. Estamos al principio, de nuestra curva hacía Shelma y éste álbum, nos puede ayudar en el ascenso —y se levantó con intención de hacer, sus necesidades fisiológicas—. Ahora vengo.
      Hemis, siguió ojeando página por página. Era digno de ver, aunque no entendía nada, pero los dibujos eran fantásticos. Entre las hojas, había cartas del Tarot, muy antiguas.
En el periodo de Selma, la letra era distinta. Ésta, era Gótica: Uniforme, regular y geométrica, pero con rasgos ornamentales. Solo con estos datos, Hemis, se hacía a la idea de cómo eran, esas abuelas; la época, la forma de ser y sus amistades.
— ¡Escucha Pare -padre-! Encontré entre las hojas, algunas cartas del Tarot. La primera que he visto es la Papisa II, en los escrito de Helma —mí bisabuela—. En la de Selma —mí abuela—, está la Templanza XIIII. Y en la de mí madre, la Emperatriz III ¿Tú sabes algo, de estas cartas?  
— No mucho, pero sé que las usan para leer el futuro. Shelma, las utilizaba normalmente, a mí me las leía a menudo. Es bastante curioso, me adivino muchas cosas. Ya no sólo del futuro, sino de mí personalidad y como debía afrontar mis dudas, miedos y problemas... Sólo me enseño el significado de los Arcanos mayores, pero la interpretación es más compleja. Shelma, era una experta pitonisa...
— ¡Ooh... Es fascinante! Aunque hereje como diría el Abad ¿Que me dices de la Papisa II? Creo que estas cartas, no están ahí por casualidad, tiene que significar algo... ¿No crees? —replicó expectante.
— ¡Uf... A ver si me acuerdo! Sí —respondió despacio, escogiendo las palabras del baúl de sus recuerdos—. Empezare por su número II; de la numerología, entiendo algo más. El II se asocia a la dualidad. Pero en el Tarot, ella me dijo, que el dos no es 1+1; es un valor puro en sí, que significa acumulación —en la numerología, se despliega como una evolución del 1 al 10, que hay que imaginar en perpetua mutación—. El dos, es un estado todavía receptivo de gestación. Se trata de acumular: fuerzas, deseos, ideas y sentimientos, para prepararse a la acción.
— ¿Y todo eso... Deduces sólo con el dos? —preguntó admirado por ese desarrollo—. Entonces, de la Papisa que tiene tantos símbolos en el dibujo, puede ser una odisea —afirmó y empezó a describirle la carta—. Tiene un libro en...
— ¡Sí, sí... ya sé! La tengo grabada en mi mente. Pues bien; la Papisa incuba. Es la primera mujer de los Arcanos, aparece enclaustrada, sentada junto a un huevo. Está doblemente en gestación; de éste huevo y de sí misma.  Símbolo de pureza total, la Papisa revela en nosotros la parte intacta. Ése testigo virginal que llevamos dentro, a veces sin saberlo y que representa para cada uno, un pozo de purificación y de confianza, un bosque virgen por explorar, fuente de toda potencia......                          

2 comentarios:

  1. Esta parte amor me encanta los orígenes de Hemis de Shelma el misterio que desarrollas muy bien en la trama....de esta manera vas describiendo los pèrsonajes y los haces atractivos al lector...te felicito bello!!! besos...

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  2. Me alegra mi vida y es bueno saber tu opinion gracias hermosa besitos

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